Desde el Pozo de los Deseos.
Estúpida, estúpida, estúpida. Esa soy yo. No me sentía estúpida esta tarde, cuando era una buena madre. Era una tarde maravillosa y las hojas tenían unos colores preciosos, así que decidí dar un paseo con mi hija. Paseábamos por el camino mientras me hacia cientos de preguntas, y yo la escuchaba cada cuento que le venía a la cabeza sobre bosques encantados. A ninguna de las dos nos importaba que hubiera sido yo quien le había leído esos cuentos en primer lugar. No, nada de eso era estúpido. Pero acercarnos a las ruinas del viejo pozo de los deseos si lo fue. Ella estaba encantada con ello. “¿Lo has hecho alguna vez, Mami? ¿Pedir un deseo?” “Pedí dos deseos.” Dije. “Una vez, desee que tu llegaras, y se hizo realidad. Y solo me costaste un centavo.” Sonrió y preguntó por mi segundo deseo. “Ese fue el deseo más sincero que he hecho, porque era para ti de nuevo.” “¡Pero yo ya estaba contigo!” Sonreí. “Si, pero no quería perderte. Pedí el segundo deseo cuando eras solo un ...