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Desde el Pozo de los Deseos.

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Estúpida, estúpida, estúpida. Esa soy yo. No me sentía estúpida esta tarde, cuando era una buena madre. Era una tarde maravillosa y las hojas tenían unos colores preciosos, así que decidí dar un paseo con mi hija. Paseábamos por el camino mientras me hacia cientos de preguntas, y yo la escuchaba cada cuento que le venía a la cabeza sobre bosques encantados. A ninguna de las dos nos importaba que hubiera sido yo quien le había leído esos cuentos en primer lugar. No, nada de eso era estúpido. Pero acercarnos a las ruinas del viejo pozo de los deseos si lo fue. Ella estaba encantada con ello. “¿Lo has hecho alguna vez, Mami? ¿Pedir un deseo?” “Pedí dos deseos.” Dije. “Una vez, desee que tu llegaras, y se hizo realidad. Y solo me costaste un centavo.” Sonrió y preguntó por mi segundo deseo. “Ese fue el deseo más sincero que he hecho, porque era para ti de nuevo.” “¡Pero yo ya estaba contigo!” Sonreí. “Si, pero no quería perderte. Pedí el segundo deseo cuando eras solo un ...

Todos los niños van al cielo

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Todos los niños van al cielo’ le había dicho su madre poco tiempo antes de morir, ‘y te prometo que yo también estaré ahí y cuidaré de tu hermanito. Y juntos vendremos a buscarte pronto’. Es difícil para un niño de seis años aceptar que su madre ya no estará a su lado, pero más aún comprender que algo llamado muerte sea el responsable de arrebatarle todo lo que le hacía bien: primero su hermanito, que nunca llegó a nacer, y poquitísimo tiempo después a su madre. Por suerte, su padre intentó hacerle llevadera la pesadilla y con el correr de los días la vida se normalizó. Pero una tarde, sintió que su madre venía a visitarlo en sueños y lo llevaba junto a una puerta amarilla. ‘Debes venir conmigo’, le decía. El niño tenía terror a cruzar esa puerta, pero a veces la oscuridad del dormitorio era sobrecogedora. Cuanto más cierta se volvió la presencia de su madre más oscura se tornó su habitación; en cuanto se apagaban las luces solamente era capaz de ver una puerta amarilla, cada vez c...

Con los muertos no se juega!

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Mis papàs son de un pueblo perteneciente a Guadalajara Jalisco, cuando eran chicos mi madre vivìa dentro del pueblo y mi papà en un rancho que està como a 1 hora en vehiculo, pero este rancho pertenece al mismo pueblo, la casa era de adobe, no muy grande, sin vecinos cerca (no era muy poblado), sin luz, para tener agua tenian que ir a un venero que les quedaba como a unos 10 minutos caminando (que sacrificios pasaban, uno tan comodo en ese sentido, pero bueno…). Cuenta mi papà que en una ocasión salia después de comer a jugar con unos primos, tendrian entre 8 y 12 años la mayoría, fueron a caminar por lugares que no iban muy seguido, y resulta que uno de los primos se encuentra una osamenta al parecer de un hombre, se le ocurre tomar el cráneo y empezar a jugar ( como si fuera la papa caliente….) se la avientan entre ellos hasta que le llega a mi papà y pues le gritaron “ cuéntale cuantos dientes tiene….”( pubertos irrespetuosos…), mi papà era de los mas chicos y pu...