viernes, 25 de noviembre de 2016

Con los muertos no se juega!

Mis papàs son de un pueblo perteneciente a Guadalajara Jalisco, cuando eran chicos mi madre vivìa dentro del pueblo y mi papà en un rancho que està como a 1 hora en vehiculo, pero este rancho pertenece al mismo pueblo, la casa era de adobe, no muy grande, sin vecinos cerca (no era muy poblado), sin luz, para tener agua tenian que ir a un venero que les quedaba como a unos 10 minutos caminando (que sacrificios pasaban, uno tan comodo en ese sentido, pero bueno…).

Cuenta mi papà que en una ocasión salia después de comer a jugar con unos primos, tendrian entre 8 y 12 años la mayoría, fueron a caminar por lugares que no iban muy seguido, y resulta que uno de los primos se encuentra una osamenta al parecer de un hombre, se le ocurre tomar el cráneo y empezar a jugar ( como si fuera la papa caliente….) se la avientan entre ellos hasta que le llega a mi papà y pues le gritaron “ cuéntale cuantos dientes tiene….”( pubertos irrespetuosos…), mi papà era de los mas chicos y pues al verse sorprendido de lo que le habian aventado, pues lo puso en el suelo y se fueron de ahí.

Llego la noche y mi papà dormìa en la misma cama que mi abuela ( si se les pudiera llamar camas, porque en ese tiempo ni colchones usaban…), por que no habia mucho espacio y pues en horas de la madrugada se oia un susurro, como si fueran rezos, mi papà al descobijarse y voltear hacia la puerta , dice que veia entre la oscuridad un bultito con una lucecita roja que se acercaba a su cabecera, se tapaba con la cobija hasta la cabeza, pensando que con eso desaparecería (por arte de magia, jejejee) y pues al ver que no se iba despertó a mi abuela y le dijo lo que veia y escuchaba ( cosa que mi abuela no lo podia ver ni escuchar), entonces el le comenta lo que habia pasado con la osamenta y pues lo ùnico que escucho de mi abuela fue decir: con eso no se juega, vamos a rezar por el eterno descanso de esa alma, rezaron durante un rato y esa lucecita asi como llegò, se fuè.

Claro que después de esta experiencia, a mi papà no le dieron ganas de volver a tocar huesos ni por error.

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