miércoles, 11 de mayo de 2016

Mito Maya de la Creación


El mito más completo sobre la creación se encuentra en el libro de leyendas y de historia de los mayas quiches llamado Popol vuh. Este relato, empero, solo habla de tres creaciones, no obstante que es muy probable que los mayas hayan creído que el mundo fue formado cuatro o cinco veces.

De acuerdo con el libro mencionado, al principio solo había aguas; entonces los dioses exclamaron: “tierra”, y la tierra apareció. Los seres creadores la cubrieron enseguida de arboles, les enseñaron el curso a los ríos y la poblaron de criaturas, asignándole a cada especie su propio habitad. Pero estos animales carecían de palabra y, así, no eran capaces de ofrecer alabanzas a sus creadores, ni elevarles suplicas. Decidieron los dioses, pues, hacer una especie superior que sería de barro. Estos animales si hablaban, más carecían de inteligencia como de fuerzas y, como eran de barro, se disolvían con la acción del agua. Los dioses, insatisfechos también de esta obra, la destruyeron.
Acudieron ahora los dioses a la madera como materia para la nueva creación. Estos seres hablaban, comían y se reproducían así mismos, pero sus caras eran ayunas de expresión y por ser de madera eran secos, eran criaturas sin sangre, su color era amarillo. Por otra parte, la inteligencia que los animaba era limitada y no mostraron gratitud alguna para sus hacedores. Descorazonados, los dioses enviaron lluvias intensas para destruirlos y las aguas, cual si fuesen negra resina, oscurecieron la faz de la tierra. Los animales, entonces, se volvieron contra esta especie de pinochos y los jaguares y las piedras se levantaron para golpearlos. Sus propios perros y aun las vasijas para el agua, las ollas de la cocina, las piedras para moler y los comales se unieron a la revuelta y se dedicaron a darles caza hasta los techos, arriba de los árboles y adentro de las cuevas. Y los perros les decían: “¿por qué no nos disteis de comer? Apenas nos mirabais, mas nos perseguíais y nos arrojabais. Y siempre teníais a mano un palo para con el pegarnos, mientras vosotros os dedicabais a comer”. Los comales y las ollas para cocinar exclamaban: “a nosotros solo dolor y sufrimiento nos habéis causado; nuestras bocas y nuestras caras fueron ennegrecidas con el hollín. Nos poníais siempre al fuego y allí nos quemabais como si no sintiéramos dolor alguno. Ahora os toca vuestro turno, pues vamos a quemaros a vosotros.


Y de los pocos monigotes que lograron escaparse descienden los monos que hoy existen. En la creación final, la carne de los ancestros de los quiches fue hecha de gacha de maíz amarillo y blanco, de aquel que había sido tomado de su escondite debajo de la montaña. Estos primeros hombres, cuyo número era de cuatro, fueron en verdad muy afortunados. Podían contemplar la mayor parte de la tierra. Mas los dioses, no deseando que el hombre fuera casi su igual, les opacaron un poco los ojos con una ligera neblina – exactamente como pierde brillo un espejo cuando sobre él se respira – y su visión quedo desde entonces limitada. Luego se crearon las mujeres para estos cuatro hombres. Y llego la aurora; y surgió la estrella de la mañana; y surgió el sol. Estos hombres si rendían adoración a quienes los habían hecho. Fueron estos los padres de los quiches, de los cakchiqueles y de otros pueblos mayas de las tierras altas.

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