martes, 16 de mayo de 2017

Leyendas del Abuelo

Corría el siglo XVII aproximadamente cuando Don Luis de Villaseñor, Escribano Real de su majestad, caminaba en las afueras del camino de donde ahora es la calzada de la estacion que por esos entonces los indios de la region como eran chichimecas solian asesinar y destazar a quienes les viniera en gana dejando muchas veces escondidos los cadaveres de las personas asesinadas...

Pues bién, Don Luis caminaba por ese rumbo distraído iba pensando cuando tropezó con una calavera, desenterrada posiblemente por algún animal. Estando a punto de caer, fue tanto su enojo que dio un puntapié a la misma y pronunció la siguiente frase "como un carajo, por la noche os espero a cenar". Siguió con paso franco, sin darle más importancia al asunto.

Llegó la noche, se recogió en su morada en la calle de Hospicio. Al estar cenando con unos amigos, se escucharon toquidos en el portón. Salió uno de los sirvientes y se encontró con un caballero de figura atlética que era iluminado por la farola situada en el pórtico. Le preguntó: "¿Qué se le ofrece?". El caballero le respondió "busco a Don Luis de Villaseñor que me invitó a cenar".

Le pasaron el recado a Don Luis y éste dio permiso para que pasara a compartir los alimentos. Su presencia intrigó a los presentes. Comenzó la cena con la bendición de los alimentos y prosiguieron a deleitarse de los exquisitos manjares.

Al término de la reunión intrigado Don Luis, salió a acompañar al misterioso caballero. Le comentó que si era conocido de las personas importantes de la comunidad que habían participado en la velada, porque no recordaba haberlo visto anteriormente.

"No Don Luis, acordasteis vos que hoy por la mañana tú me invitasteis a compartir los alimentos en tu morada", le respondió el caballero. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Don Luis, quedando paralizado por el recuerdo del incidente ocurrido en la mañana. Pero si alguna duda tuviera Don Luis, el caballero dando un paso atrás hacia la luz de la farola quedó al descubierto su cabeza hecha calavera.

El escribano quiso rezar pero sus labios se negaron. Momento que aprovechó el caballero para perderse en las calles de San Miguel el grande. Don Luis no supo cuanto tiempo se quedó en la misma posición, hasta que fue descubierto por uno de los sirvientes. Lo condujeron a su lecho de donde jamás se levanto, hasta su muerte.

Desde entonces se dice que aquel que osa burlarse de una osamenta, corre el peligro de ser visitado por el enigmático caballero.

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