viernes, 1 de julio de 2016

Historias del abuelo el Cantaro


Cuando mi abuelo era joven, tenía muchos amigos, entre ellos pepe y fausto, con ellos compartía todo su tiempo libre, entre bailes y charreadas, noches de juego y borracheras. Un día fausto les conto que el sabia donde estaba enterrado un tesoro, les dijo que su tío antes de morir, confeso que él era el único testigo de un asesinato, en el cual estaba involucrado el hacendado, un hombre rico pero muy avaro, este debía mucho dinero por culpa de las apuestas y que al llegar el día fechado para saldar dicha deuda, se reusó a pagar y en un acto de defensa mato al cobrador.
Como era casi imposible que este escapara del pueblo con toda su fortuna, la enterró en el interior de la finca de su propiedad, ya después con el tiempo volvería a recogerla, pero esto no fue posible, ya que días después la policía lo encontró escondido en el monte y lo fusilaron. El abuelo y pepe no le creyeron nada a fausto, le dijeron entonces que si su tío sabía dónde estaba el dinero por que no fue el a sacarlo, les respondió que si fue a buscarlo pero no dio con él, pues la como decían las leyendas, que si no es para ti el dinero nunca lo encuentras.

De una u otra formas los convenció a ir a buscarlo, pusieron la fecha para ir a buscarlo, y esta llego, ya estaba todo listo, como lo marcan las leyendas, palas para cavar, un crucifijo y agua bendita para alejar a los espíritus, alcohol para prender fuego al cántaro con el dinero para quemar los gases tóxicos, etc. etc. Solo que se presentó un problema, pepe no los podía acompañar, porque se sentía enfermo y tenía que estar en cama, esto a fausto y al abuelo nos les gusto para nada, pensaron que pepe tenía miedo y se había rajado, ni modo más dinero para nosotros, dijo el abuelo, el camino era largo así que se apresuraron para llegar antes de las 12 de la noche, tomaron sus caballos y salieron rumbo a la vieja hacienda.

Al llegar a la hacienda lo primero que hicieron, fue tomarse unos tragos de tequila, para darse valor, comenzaron a escavar en el lugar exacto donde el tío de fasto le dijo, primero hasta llegar a un metro, y nada, dos metros y nada, ya cansados de tanto escavar, se iban a dar por vencidos hasta que en la última palada, toparon con algo, era un cántaro, le rociaron alcohol y le prendieron fuego, esperaron a que se consumieran los gases para abrirlo, cual va siendo su sorpresa que en el interior del cántaro no había oro, solo había estiércol de humano, se decepcionaron mucho por lo ocurrido, pensaron volverlo a enterrar, pero fausto tuvo una mejor ideal, porque no jugarle una broma a pepe, si se lo merecía por rajón

Lo que hicieron al llegar a la casa de pepe, fue subirse a la azotea, sin hacer ruido, quitaron unas tejas de la habitación donde el dormía, a la cuanta de tres le arrojarían la caca a pepe, cuando estos la arrojaron, lo que había en el interior del cantaron se convirtió en oro, la cama de pepe se llenó de monedas, pepe se despertó por los golpes de las monedas cayendo por la azotea. el abuelo y fausto ni cuanta se dieron de lo ocurrido, porque en cuanto arrojaron el cántaro salieron corriendo a sus casas.

Pepe fue a verlos a la mañana siguiente y les conto, que estaba dormido y comenzó a soñar con un señor que le decía, que el dinero le tocaba a él, que no lo utilizara de mala forma como él lo había hecho y que en ese momento le cayeron muchas monedas de oro de la azotea. No daban crédito a lo ocurrido pero en parte estaban contentos de que el dinero le tocara a su amigo y como buenos amigos que eran, pepe compartió parte de su fortuna con ellos.

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