"Corre, pequeño, corre"
Aquella tarde fui al parque para relajarme unas horas y quitar de mi mente el estrés del trabajo. Me senté bajo la sombra de uno de los numerosos árboles que se encontraban a un lado del camino, muy cerca del lugar en que suelen jugar los niños. Me gusta escuchar el sonido de la risa de los pequeños, me recuerda a aquellos tiempos en que la vida se veía más fácil, me recuerda a la inocencia que nosotros, al crecer, perdimos, aquella inocencia e ingenuidad que nos permitían tenderle la manos a todo aquel que la necesitase, ignorando la constante competencia que significa la vida. Por esas horas no había mucho movimiento por el parque, había visto apena unas diez u once personas transitar por el camino en el transcurso de las últimas horas, nada que llamara realmente la atención, pues por esos días estaba comenzando a refrescar. Tampoco habían niños, sólo veía a uno u otro caminando de la mano de su madre, probablemente rumbo a su hogar, acortando a través del parque. La tranquilida...